miércoles, 16 de abril de 2025

"La Muerte de Luis XIV" de Albert Serra

 


La idea principal de este film es que los días de gloria han quedado atrás, ahora solo queda la enfermedad, la putrefacción y la muerte. Nadie es capaz de salvar al rey, esta medio muerto en vida y de poco sirven comparar y escoger ojos para saber su salud. No lo salvan ni los aplausos de su sequito, formado por hombres y mujeres de la corte y ni siquiera los mas estudiados médicos de la Sorbona. Sus rictus son los de hombres sabios pero son bufones a fin de cuentas, como bien sabe el doctor Fagon, porque la medicina en aquella época aun estaba en pañales. La sabiduría y el poder tienen sus limites, que no son otros que no poder parar la decadencia. Loable es la economía de medios con los que Albert Serra nos cuenta todo esto, con una puesta en escena que bebe mucho de la tradición del teatro francés, a través de pequeñas subtramas o secuencias en las que importa más la cotidianeidad de la agonía que la narratividad de una historia clara. También es una crónica sobre el estado de la medicina en aquellos tiempos, que se debatía entre la ciencia y la superstición.
     El rey no habla demasiado, a lo largo de su vida ha dicho todo lo que tenia que decir. La situación final ha llegado un poco al ridículo: con solo mover su sombrero el Rey Sol es aplaudido por sus cortesanos. Sin embargo el rey no se nos muestra irascible u egocéntrico, solo cuando la enfermedad aprieta, como pasaría con cualquiera de nosotros. Es adorado por todos sin excepción con una sinceridad inquebrantable, carismática. Podríamos decir que Serra es por tanto el gran psicólogo de la monarquía sin exagerar.
     La cámara siempre esta sabiamente encuadrada. Predomina el paisaje del primer plano, donde nos preguntamos por la personalidad y el pasado vital de cada personaje. Vemos también aquí cierto gusto por el detalle. Estamos ante una buena película, una obra maestra para algunos que muestra la grandeza del más famoso de los reyes, pero un poco deprimente y angustiosa a fin de cuentas. El tiempo pasa despacio porque estamos ante una expiración, magistralmente interpretada por Léaud. Hay nostalgia de muerte, en la luz, en la fotografía, en los rostros, como pasaría con la música de Bach, inquietud que no deja de ser curiosa en un cineasta de solo cuarenta y un años cuando la rodó. "La muerte de Luis XIV" es la gran película sobre la muerte de los últimos años, como lo fueron en su día "El séptimo sello" de Bergman o "La eternidad y un día" de Angelopoulos, entre otras. Cine en interiores y de interioridades, pausado y críptico, abierto a interpretaciones, donde el sonido es tan importante como la palabra.