martes, 27 de noviembre de 2012

El Fondo es tan importante como la Forma

Leyendo "La Tempestad" de Juan Manuel de Prada me doy cuenta de que adolece de un error básico en su concepción. Como decía Rafael Reig en su libro "Literatura para caníbales" una novela solo puede ser de una manera: de contenido (véase novela negra, policíaca, etc...) o sentimental(véase novela romántica, etc...). Pues bien de Prada intenta aunar ambas cosas cuando en realidad cada una es excluyente de la otra. En definitiva que una novela o es de contenido o es sentimental pero no ambas a la vez. Por ello podemos decir que es una novela pretenciosa, incluso incomoda de leer. Juan Manuel intenta hacer la gran novela digamos policiaco artística del siglo pero más bien lo que da la sensación es de ser un perro tras un hueso, de desconocer esta realidad antes comentada. La tiene digamos en la punta de la lengua, pero el ignorarla da como resultado una novela histérica, fruto, claro esta, de la juventud de su autor. Este se considera a si mismo un autor barroco; Bach también lo era, pero no a costa de perder el norte. Vale Juan Manuel el fondo es tan importante como la forma me podrás decir pero a no costa de saltarse a la torera ciertas leyes básicas de la literatura de género. Por otro lado la novela esta plagada de tópicos como el de poner Venecia como un destino exótico y oscuro, cuando todo el mundo ya esta cansado de visitar la ciudad italiana. El problema realmente está, como bien decía Marguerite Duras, que el tener ambiciones de segunda mano, como trabajar en los medios de comunicación, estar metido en política etc...impide enfrentarse a la realidad más fundamental para un escritor: la palabra, y esta requiere soledad y meditación. Juan Manuel le echa pasión pero es mas la inteligencia la cualidad principal de este escritor que incluso la inspiración narrativa. Por ello puede intuirse cuál es la contrapartida de tal cualidad: escasa imaginación, ausencia de todo lirismo y un frio distanciamiento entre el autor y sus creaciones. Por ello en la descripción de grandes pasiones las deficiencias de de Prada son indudables. Como bien dicen están los que saben escribir y después están los que escriben; de Prada pertenece a los segundos.

sábado, 28 de enero de 2012

Turner y Constable


Era ya fría la tarde londinense cuando Constable llegó al hospicio para dormir. No era una gran comedor, menos un gran bebedor, pero aquellos días había comido y bebido más de lo habitual debido a la tensión del momento. Iba a presentar un cuadro dentro de una gran exposición colectiva, un gran paisaje, el cual iba a estar a la derecha de un pequeño Turner. Sabia que solo Turner, además de él, era capaz de imprimir un toque nostálgico a sus cuadros, muy a la inglesa.
            Constable envidiaba a Turner. Este había conseguido en escasos años el éxito que él no había logrado alcanzar. A pesar de su mal humor se decía, con una ingenuidad falsa, que aquello era envidia sana. Pero la envidia nunca es saludable. Sin embargo un suceso particular había mitigado estos celos. El día anterior se encontraba ultimando el paisaje, un gran cuadro de cuatro por dos y medio que representaba un frondoso bosque con un viejo castillo carcomido por el tiempo, cuando entro Turner en la sala. Lo primero que le sorprendió era ver lo bajito que era. Pero claro, al rato recordó que todo el mundo era bajo para él, ya que media más de uno noventa. Turner saludó, Constable emitió un gruñido. Y eso fue toda la comunicación que tuvieron para todos los siglos posteriores y amén.
Pero las cosas no acabaron ahí. Turner se quedo paralizado al ver el gran cuadro de su rival, pero disimuló fijando su mirada en su propio cuadro, una pequeña marina. Constable por su parte también disimuló haciendo que se concentraba en los últimos retoques. Turner siguió paralizado unos cuantos minutos, hasta que saco la paleta y puso una pequeña manchita roja en mitad de su cuadro, la cual representaba una bolla. No quería ser menos. Ya en el hospicio Constable meditaba sobre esto y se dio cuenta de que había tenido con él una comunicación más profunda de la que había tenido con nadie. No se trataba solo de una competición, sino de un acto moral que conllevaba consigo un intercambio estético. Turner era en si un misterio, al igual que sus cuadros, un misterio que escapaba a las pinceladas de Constable.
No le quiero dar más vueltas, pensó. Así que se acostó y soñó con un gran pájaro que sobrevolaba la campiña inglesa, la ciudad y parte del océano. Intuyó que ese pájaro de mirada deificada unía ambos cuadros, ambos mundos. Al fin se quedó profundamente dormido.