Hay en este film imágenes más espectaculares que otras. Algunas, que no son tan buenas u originales, quedan sin embargo grabadas en la memoria del espectador. Hay otras de las que podríamos decir que son simbólicas, representan algo, como las escaleras(que representan la ascensión mística a lo largo de la vida) o la imagen de cierre del puente(que representa la comunicación, la puesta en contacto de dos mundos, uno infinito y el otro finito). La película es una reflexión sobre el carácter de la naturaleza humana, su unión con el mundo y su pequeñez al lado del Universo (tema ya tratado por Malick en film anteriores) pero ni siquiera es una reflexión, es pura poesía. Tampoco los problemas familiares tienen en la película la última palabra, ya que se podría decir que el film ha sido para Malick una manera de rendir cuentas con el pasado.
A Jean-Luc Godard nunca le ha gustado lo digital, pero Malick no duda en utilizarlo sin tapujos, siempre cuando la calidad final sea sorprendente. Si, lo digital también puede ser trascendente, quizá por primera vez en este caso. Y no será la última. En "El árbol de la vida" se podría decir que cada uno de sus planos son como retablos que se cierran sobre si mismos, como decía un crítico a propósito de "El Eclipse" de Antonioni. Otro crítico decía de la película de Malick que basculaba entre la obra maestra y el fraude. Pero es en esa ambivalencia donde debemos ver el secreto de su sencilla originalidad. Porque esta película no es otro cosa que la sucesión de un plano tras otro, tejidos con un hilo argumental y existencial, que parece sugerir que el sentimiento del amor es lo que da sentido a nuestras vidas.
Este film seria impensable hace veinte años, pero el director aprovecha las ultimas tecnologías para conseguir un resultado satisfactorio. Como decía Van Gogh, una vez que te pica lo moderno no hay marcha atrás. También, volviendo al tema de la poesía, podríamos ver un antecedente en "El Espejo(1975, Andrei Tarkovski)", donde el autor partiendo de lo intimo y particular aspira a lo absoluto y universal, no a través de símbolos y significados ocultos, sino sencillamente a partir de la verdad lírica. Y es que en la película de Malick lo más importante es la mirada, transparente y atrayente, esa mirada que como bien dice Antonio Lopez es lo más importante que aporta un artista visual.

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