martes, 18 de noviembre de 2025

Samuel Fuller

Los guiones de Fuller son buenos pero caen un poco en la obviedad de lo explicativo. Sus películas tienen un toque a serie B, aunque son autentico cine de autor. Ya en los años cincuenta el trabajo de Fuller está cargado de reivindicaciones sociales, aunque él ante todo es un hombre de acción obsesionado con la Guerra Fría. Sus personajes se enfrentan a problemas reales, problemas en absoluto baladí, donde el asesinato siempre esta de por medio, sea este en un western, en un thriller, o en un conflicto bélico. 
    Es de agradecer que sus películas no suelan durar mas de hora y media. Esto es en parte debido a su herencia de serie B y en parte al gusto del director; las películas no deberían durar más de ese tiempo, como bien señala el director chino Wong Kar-Wai. El director de la llamada "generación de la violencia" con el que tiene más puntos en común seria para mi Anthony Mann, una generación por otro lado dominada por el fatalismo. El cine de Fuller ha envejecido en su forma, pero no en su fondo, entre otras cosas porque tira de decorados en las escenas de acción. Claro que lo hace dado la complejidad de este tipo de situaciones. Además sabido es el gusto excéntrico de Fuller por la posición de la cámara, como cuando por poner un ejemplo en "Forty Guns"(1957) Wes Bonnell observa a su enamorada a través del cañón de un rifle.    
      En "China Gate" es raro en aquella época que una mujer, sobre todo siendo hermosa, participase en una misión militar, teniendo en cuenta que podía ser motivo de amotinamiento por parte del resto de los expedicionarios. Eso mismo sucede en "El Diablo de las aguas turbias(1954)" que, por otra parte, contiene la secuencia más violenta de todo el cine de Fuller (no escaso en escenas de este tipo), cuando Richard Widmark corta el pulgar al Profesor. La película pasa de cierto triunfalismo cuando todo va bien a una deriva más negra y desesperada cuando las cosas se tuercen. 
    En "La Voz de la Primera Plana" asistimos al auge y decadencia del periodismo independiente, cada vez más acosado por los intereses económicos de una prensa (y una sociedad) más industrializada, que exigía mayores esfuerzos financieros para su puesta en marcha, con la consiguiente desaparición de la denuncia y la lucha contra la injusticia de las elites, responsables estas en gran medida de su crisis a través del poder y la delincuencia. Es por tanto este film una denuncia contra el poder a partir de unos hombres y mujeres periodistas insobornables.
    "Casco de Acero"(1951) es una de las películas más paradigmáticas sobre la Guerra de Corea. El sargento Zack (presentando aquí en un papel protagonista a Gene Evans) demuestra ser más perro viejo que el resto del pelotón, pero al final ese orgullo se vuelve contra si mismo.
     "Perro Blanco" es una película que tiene de trasfondo la educación y el racismo. Esta claro que las sociedades no pueden ser perfectas, pero de eso nos habla la película, de esos pequeños héroes anónimos que intentan mejorar el mundo, en este caso el personaje de Keys. La película tiene mucho de thriller rozando tangencialmente el genero de terror. De agradecer que humanice lo justo al perro protagonista, sin caer en la lágrima fácil. Precisamente el film da un giro: el perro blanco pasa de darnos pena a darnos miedo. El problema quizá es que nosotros humanizamos a los animales, pero puede darse el caso de que lo hagamos en demasía, como pasa en este trabajo, basado en un relato real de Romain Gary. El racismo es educacional.  

martes, 26 de agosto de 2025

La complejidad de "Gambito de Dama"

 


En esta serie es más importante que la psicología del juego del ajedrez la vida de su protagonista. Esta tiene cuatro obsesiones que funcionan como una forma de escapismo ante lo frio de su inadaptación: el ajedrez, el alcohol, los calmantes y el sexo. A su vez los calmantes son una forma de acceder e inspirarse para el juego de mesa. Con la misma naturalidad surgen sus pasiones como sus adicciones. Precisamente son estas obsesiones la que la han hecho madurar antes y convertirse en una solitaria. La joven Beth valora tener una motivación, para ella todo es sorprendente, como cuando escucha tocar el piano a la señora Wheatley.
    Por lo demás la narración oscila entre el suspense del día a día y lo extraordinario, que vemos plasmado en la ambientación de una época y un lugar, en este caso a partir de los años cincuenta, que derivaran en unos consumistas e idealistas años sesenta. Esto me llama la atención, seguramente por el hecho de que no había ordenadores para jugar contra las personas, ordenadores que hoy en día son capaces de ganar al mismísimo Kasparov, por cierto uno de los asesores de esta ficción. Lo malo es que a ratos lo extraordinario se confunde con lo edulcorado. Eso si, la vida de Beth es inusual, nos damos cuenta cuando se encuentra con una ya madura Margaret, su compañera de instituto convertida en una vulgar ama de casa con un marido y un bebe.
    La figura de la madre es mucho más importante que la del padre, siempre esquiva, hasta el punto de que asistiremos a la desestructuración de las dos familias de la protagonista, primero la biológica y después la adoptiva. Pero eso si, tanto la señora Wheatley como Beth Harmon y los demás tienen una personalidad que va evolucionando. Al tratarse de una serie sobre el ajedrez la simbología es muy marcada, con analogías con la realidad, como por ejemplo los gemelos Mike y Matt, trasuntos de las piezas dobles del ajedrez. Para los que no somos expertos en la materia hay cosas que no podemos entender, pero si al menos intuir, suficiente para seguir el hilo de la narración.
     Esta es una serie bastante arriesgada en su planteamiento, con visos de ser comercializada, que al final ha tenido su éxito. Más el trabajo de un artesano que de un artista, aunque eso no quita que todo haya sido pensado al milímetro, con un guion con pocos agujeros y una trama que chirria poco, lo mismo que las partidas de Beth, la cual aspira hacer el juego de complejo a complicado, y de complicado a arte. La serie es una reflexión sobre la ambición de una mujer en un mundo dominado por los hombres como es el ajedrez pero también es una serie sobre la gente, sobre todos aquellos que nos encontramos en el camino y comparten con nosotros una ilusión. Pero ¿qué es más interesante, el cine que da una visión del ajedrez (y rinde un homenaje) o el ajedrez mismo? Ahí queda la pregunta, pero sospecho que cuanto más se sepa del juego menos gustara el cine sobre el.

lunes, 30 de junio de 2025

"La Vida de Galileo" de Joseph Losey

 


Galileo descubrió los satélites de Júpiter gracias al telescopio y fue uno de los iniciadores en aproximar el movimiento de los planetas celestes a los estudios de mecánica de los cuerpos terrestres, los cuales le llevaron a muchas investigaciones. Sin embargo su visión estaba limitada por la física aristotélica. Pero no importa; aquello fue suficiente para producir el primer gran cisma en el Cristianismo; la existencia de estos satélites corroboraba el hecho de que no todos los cuerpos celestes giraban en torno al centro del universo, o sea, La Tierra, como bien creían desde la antigüedad Aristóteles y Ptolomeo. Por lo tanto se deduce que La Tierra no tendría que ser el centro del mundo necesariamente.
     Bertolt Brech en su obra tiene en cuenta estos pormenores, pero le interesa la dimensión filosófica y político-social de la historia más que la científica. Pero es lógico, ya que el propio Galileo vivió en una época en la que no estaban muy definidas las diferencias entre ciencia y pensamiento. Estamos pues ante una alegoría que nos habla de la importancia de la razón humana, que el conocimiento es el mayor tesoro que tiene la humanidad por encima de dogmatismos y opresiones. La mayor parte de las escenas transcurre en interiores, divididas en secuencias con unidad espaciotemporal, es de hecho la película más teatral de Joseph Losey. La interpretación de Topol es apasionada y sospecho que más extrovertida que la personalidad del autentico Galileo.
     Con ello Bertolt Brecht y Losey quieren mostrarnos la grandeza interior del personaje y de los acontecimientos que le toco vivir. Hay un contraste pues entre Galileo, un hombre del Renacimiento, y su entorno, especialmente la Iglesia Católica, aun embebida por la larga sombra de la Edad Media. La época que muestra este film no tuvo un parto fácil, especialmente para los intelectuales. Giordano Bruno fue quemado en la hoguera y si Galileo se libro de ella fue gracias a la contundencia de sus pruebas científicas; más que pruebas cabría de hablar de certezas, ante las cuales la Iglesia solo podía comportarse con un hipócrita desdén. Galileo no lo hacia por egoísmo, sino por amor a la Humanidad, lo que lo llevo a frecuentes discusiones dentro de su entorno personal; discusiones elocuentes por parte de los demás, pero falsas a fin de cuentas. Hay por tanto en la película cierto regusto fatalista, como ya pasaba en "El Sirviente"(1963), uno de los títulos de Losey más celebrados.

miércoles, 16 de abril de 2025

"La Muerte de Luis XIV" de Albert Serra

 


La idea principal de este film es que los días de gloria han quedado atrás, ahora solo queda la enfermedad, la putrefacción y la muerte. Nadie es capaz de salvar al rey, esta medio muerto en vida y de poco sirven comparar y escoger ojos para saber su salud. No lo salvan ni los aplausos de su sequito, formado por hombres y mujeres de la corte y ni siquiera los mas estudiados médicos de la Sorbona. Sus rictus son los de hombres sabios pero son bufones a fin de cuentas, como bien sabe el doctor Fagon, porque la medicina en aquella época aun estaba en pañales. La sabiduría y el poder tienen sus limites, que no son otros que no poder parar la decadencia. Loable es la economía de medios con los que Albert Serra nos cuenta todo esto, con una puesta en escena que bebe mucho de la tradición del teatro francés, a través de pequeñas subtramas o secuencias en las que importa más la cotidianeidad de la agonía que la narratividad de una historia clara. También es una crónica sobre el estado de la medicina en aquellos tiempos, que se debatía entre la ciencia y la superstición.
     El rey no habla demasiado, a lo largo de su vida ha dicho todo lo que tenia que decir. La situación final ha llegado un poco al ridículo: con solo mover su sombrero el Rey Sol es aplaudido por sus cortesanos. Sin embargo el rey no se nos muestra irascible u egocéntrico, solo cuando la enfermedad aprieta, como pasaría con cualquiera de nosotros. Es adorado por todos sin excepción con una sinceridad inquebrantable, carismática. Podríamos decir que Serra es por tanto el gran psicólogo de la monarquía sin exagerar.
     La cámara siempre esta sabiamente encuadrada. Predomina el paisaje del primer plano, donde nos preguntamos por la personalidad y el pasado vital de cada personaje. Vemos también aquí cierto gusto por el detalle. Estamos ante una buena película, una obra maestra para algunos que muestra la grandeza del más famoso de los reyes, pero un poco deprimente y angustiosa a fin de cuentas. El tiempo pasa despacio porque estamos ante una expiración, magistralmente interpretada por Léaud. Hay nostalgia de muerte, en la luz, en la fotografía, en los rostros, como pasaría con la música de Bach, inquietud que no deja de ser curiosa en un cineasta de solo cuarenta y un años cuando la rodó. "La muerte de Luis XIV" es la gran película sobre la muerte de los últimos años, como lo fueron en su día "El séptimo sello" de Bergman o "La eternidad y un día" de Angelopoulos, entre otras. Cine en interiores y de interioridades, pausado y críptico, abierto a interpretaciones, donde el sonido es tan importante como la palabra.

lunes, 6 de enero de 2025

Scorsese Vs Coppola


Seria una cuestión difícil de dilucidar cual de estos dos directores es mejor. Personalmente me gusta más Scorsese por, entre varios motivos, la variedad temática y formal de su filmografía, aunque no excluye que haya ciertas constantes. Coppola pondría en apuros a cualquier crítico con "El Padrino", pero formalmente es de corte clásico (mucho uso del plano y el contra-plano) por lo que habría que buscar los méritos de la película en otra vertiente, como la dirección de actores y el logrado pathos del film. A nivel de imagen "La Ley de la Calle" rivalizaría con "Taxi Driver", ambas con resonancias épicas, pero personalmente prefiero la segunda, aunque solo sea por esa imagen del taxi saliendo de entre la niebla. El film de Coppola es de corte clásico (una imagen una idea en el plano simbólico) y aunque esta bien dirigido no arriesga demasiado. Pero si una cosa es meritoria de los dos es que, partiendo de estereotipos (el italiano como mafioso), logran trascenderlos como nunca antes en la historia del cine. De todos modos las comparaciones son odiosas. Es más enriquecedor disfrutar de la idiosincrasia de cada uno de estos directores individualmente, por separado, que compararlos. Cada uno es una visión, una poesía sobre el mundo distinta.
    En "Historias de Nueva York" Scorsese firma la mejor de las tres: vemos aquí a un pintor con dos facetas claramente diferenciadas: la artística creativa por un lado y la social por el otro, dos facetas que en un principio pueden parecer distintas, pero que al final convergen mutuamente para desembocar en el marcado histrionismo del personaje.     
    En "Uno de los nuestros" más que una trama principal asistimos a la sucesión de numerosísimas sub-tramas, que tiene un nexo en común: la inadaptación de sus protagonistas. Henry Hill (Ray Liotta) puede parecer muy fuerte, como cuando golpea sin piedad al tenista pijo con la culata, pero cuando se ve con el agua al cuello no duda en recurrir a la policía.
    "El Cabo del Miedo" tiene como idea principal o tesis la siguiente: la maldad y la venganza exacerban la inteligencia.
      "Apocalypse Now" no me gusta porque hace de la guerra de Vietnam un espectáculo.
    En "El Ultimo Vals" Scorsese solo entrevista a los miembros de The Band y se abstiene de entrevistar a los músicos que tocan con ellos a lo largo del film, sin duda para darle cierta unidad.
    De "Taxi Driver" me gustan esos planos descriptivos introducidos en mitad de la secuencia por el montaje: un camello en una cafetería, unos teléfonos sobre una mesa, unos ramos de flores marchitas... Scorsese no es un poeta puro: se mueve más bien en la ambigüedad, a mitad de camino entre la poesía y la realidad, como si una tomara impulso gracias a la otra respectivamente. Eso si, ambas apoyadas en cierto barroquismo estilístico (cámara en mano, travellings, montaje paralelo, etc). Esta claro que Travis sufre de algún tipo de psicopatología, probablemente de origen sexual, pero es más un fanático que un psicópata. Pero en Scorsese la violencia no esta muy alejada de la religión. Empero la autentica protagonista son las húmedas calles de Nueva York. 
    "La edad de la inocencia" exige del espectador cierta complicidad, dejarse llevar y disfrutar del lujo de detalles de la puesta en escena.